Cuando el matrimonio une con el vínculo del amor a dos corazones y dos vidas, y se constituye así un nuevo hogar, una de las primeras preocupaciones de sus fundadores es que los hijos que vengan a alegrar este nuevo hogar sean educados debidamente… Los padres tienen el privilegio de llevar a sus hijos consigo a las puertas de la ciudad de Dios, diciendo: "He procurado instruir a mis hijos para que amen al Señor, para que hagan su voluntad y lo glorifiquen"... CN 13,16
